
La conferencia, organizada por la Sociedad Benéfica La Esperanza, reunió a público general en el local social de la entida
La arqueóloga y socia del CEHVAL, Rocío Iglesias de Haro, impartió el pasado viernes 5 de septiembre en el local social de la Sociedad Benéfica La Esperanza de Dúrcal una conferencia sobre la prehistoria del término municipal de Dúrcal, en la que presentó de forma divulgativa y con base científica los indicios que sitúan el poblamiento humano en el municipio hace más de seis mil años, entre el Neolítico y la Edad del Bronce. La ponente, investigadora durqueña, recorrió los principales enclaves y materiales localizados en Dúrcal, explicando por qué la posición del pueblo —corredor natural entre la Vega de Granada y la Costa y protegido por la ladera suroccidental de Sierra Nevada— y su microclima favorecieron una ocupación temprana y sostenida en el tiempo.
En la Rambla de Dúrcal, relató Iglesias de Haro, se documentó en 1979 un vaso cerámico del Neolítico Medio cuyo estudio morfológico y decorativo lo vincula a contextos de finales del VI y comienzos del V milenio a. C., junto a un cuchillo de sílex y hachas pulimentadas que, aun aparecidos fuera de estratigrafía, reflejan actividades cotidianas de talla lítica, aprovechamiento de materias vegetales y transporte de agua en recipientes portátiles. La investigadora contextualizó estos hallazgos en la dinámica geomorfológica de la rambla, subrayando que la erosión y el acarreo propios de estos cauces explican la aparición superficial de piezas y, al mismo tiempo, la posible proximidad de los puntos originales de depósito dentro del término.
Otro foco de atención fueron los espacios productivos líticos de “El Picón” y “Las Cuevas”, situados en las terrazas del río Dúrcal. Allí, las evidencias de preformas talladas en anfibolita, los negativos de choque térmico, los fragmentos en proceso de pulido y los cantos abrasivos de micaesquisto con granates permiten reconstruir casi completa la cadena operativa para fabricar hachas y azuelas. Iglesias de Haro explicó que la anfibolita aflora en depósitos secundarios del propio valle y que su explotación responde a una lógica de proximidad a la materia prima, mientras que la presencia de sílex, muy escaso en la litología local, apunta a contactos o intercambios de ámbito supralocal. El conjunto durqueño sugiere talleres de baja intensidad pero recurrentes, distribuidos a lo largo del curso medio del río, compatibles con una economía de base agroganadera que demanda útiles resistentes para desbroce, carpintería ligera y mantenimiento de sistemas de riego tradicionales.
Para la Edad del Bronce, la conferencia se centró en dos enclaves del municipio. En la Loma del Corral, un cerro de difícil acceso que domina el valle del río Dúrcal, la cultura material recuperada en superficie —cerámicas finas, pesa de telar y un hacha de cobre— encaja con un asentamiento de tradición argárica aterrazado, que optimiza la solana y controla visualmente los pasos naturales a media ladera. Este patrón defensivo y la cercanía a suelos aptos para secano en las terrazas altas y para regadío en la vega del río dibujan un hábitat jerarquizado que combina agricultura, pastoreo y artesanías como el tejido de lino o lana. El segundo enclave, el Camino de la Chaja, corresponde al Bronce Final y se localiza a mayor cota, en umbría, con amplio horizonte visual sobre el corredor. Sus bordes con digitaciones e incisiones, los fondos planos y los fragmentos de grandes contenedores indican almacenamiento y cocina doméstica, mientras que la posición estratégica sugiere la vigilancia de rutas de paso que atravesaban el término de Dúrcal en dirección a la costa. La investigadora recordó que en Peñagallo se recuperó además un fragmento de hacha pulimentada como hallazgo aislado, testimonio de la continuidad en el uso de rocas locales duras para útiles de trabajo durante la Prehistoria Reciente.
A lo largo de su intervención, Iglesias de Haro puso en valor el apoyo de herramientas de análisis espacial y Sistemas de Información Geográfica (SIG) para correlacionar cotas de asentamiento, visibilidades, accesos y disponibilidad de recursos hídricos y líticos dentro del término de Dúrcal, lo que permite proponer hipótesis sólidas sobre patrones de asentamiento, zonas de frecuentación y itinerarios históricos. La arqueóloga insistió en que el panorama que hoy podemos trazar para Dúrcal es el de un municipio con registro prehistórico propio, coherente y rico, que va del Neolítico al Bronce Final, y que merece protección activa frente al expolio, documentación sistemática y una difusión que implique a la ciudadanía.
La Sociedad Benéfica La Esperanza agradeció la numerosa asistencia y el interés del público, y el CEHVAL felicita su disposición a colaborar con entidades locales en acciones de inventario, sensibilización y custodia del patrimonio arqueológico de Dúrcal. La conferencia se enmarca en la línea de trabajo de Iglesias de Haro, autora del estudio académico sobre las comunidades de la Prehistoria Reciente en el Valle Alto de Lecrín, cuyas metodologías aplicadas —especialmente el SIG y la catalogación tipológica— han permitido afinar la lectura específica del término durqueño.
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