ActividadesLa seda granadina también se tejió con manos de mujer

Durante siglos, la seda fue una de las grandes señas de identidad de Granada. Quedan los tejidos, los nombres de los oficios y los rastros de una economía que atravesó casas, talleres y barrios. Queda también, aunque a veces de forma más tenue, la memoria de las mujeres que hilaron, aprendieron, enseñaron y sostuvieron buena parte de aquella producción.

Sobre esa historia menos visible giró el encuentro “En el telar de la historia: seda y mujeres en la Granada nazarí y morisca”, celebrado el 24 de septiembre en el Centro Europeo de las Mujeres “Mariana Pineda” de Granada, dentro de los actos conmemorativos del X aniversario de la sociedad científica CEHVAL.

La jornada se abrió con la proyección del documental Mujeres en la Alpujarra nazarí y continuó con una conversación moderada por Paula Sánchez Gómez, historiadora, arqueóloga y miembro de CEHVAL, junto a Anne-Élise Arrouët, responsable del Archivo Municipal de Granada, y Jorge Garrido López, investigador postdoctoral de la Universidad de Granada y también miembro de CEHVAL.

La conversación recorrió la historia de la seda a través de los trabajos, saberes y personas que hicieron posible su producción. La cría del gusano, el hilado, la preparación de la materia prima, el aprendizaje de los oficios y la transmisión de conocimientos permiten reconstruir una economía compleja en la que las mujeres tuvieron una presencia fundamental.

En esa trama aparecen a veces de forma colectiva, como las 786 hilanderas moriscas que en 1575 fueron exceptuadas de la deportación, una cifra que revela la importancia económica de su trabajo. Otras veces emergen con nombre propio. Rosa Jiménez y Gabriela del Moral, vecinas de La Zubia, solicitaron en 1740 licencia para trabajar como hilanderas de seda. Y en 1511, cuando Leonor Alharraz tenía apenas siete años, su padre acordó con María Fez que esta le enseñara a hilar y labrar.

Son historias pequeñas en apariencia, pero de enorme capacidad explicativa. A través de ellas se reconocen el aprendizaje desde la infancia, la transmisión de conocimientos entre mujeres, el peso del trabajo doméstico y familiar y la dificultad de seguir la pista de actividades que dejaron una huella documental más discreta.

El encuentro mostró también cómo los archivos cambian cuando cambian las preguntas. Ordenanzas, licencias y otros documentos permiten hoy reconstruir vidas, trabajos y relaciones que durante mucho tiempo ocuparon un lugar secundario en el relato histórico.

La seda granadina fue prestigio, comercio y riqueza, pero también rutina, esfuerzo, aprendizaje y vida cotidiana. Volver sobre esas experiencias permite ensanchar una historia conocida y devolver protagonismo a quienes participaron de forma decisiva en ella.

Con esta actividad, CEHVAL continúa desarrollando el programa de su X aniversario, una conmemoración que está sirviendo para tender puentes entre investigación, patrimonio y ciudadanía y para acercar a públicos amplios nuevas miradas sobre la historia de Granada.